ALIMENTACIÓN & BEBIDA


Esta página es un lugar de encuentro CON LA ALIMENTACIÓN, LA BEBIDA Y LA SALUD  tan importante para nuestro cuerpo.

Indice de articulos en esta página

2.- El Agua
1.- El Alcohol

1.- El alcohol: ¿amigo o enemigo?

Voy a hablarle del consumo de alcohol con naturalidad, sin sentirme obligado a protegerle, como si usted fuera un niño de tres años, utilizando frases del tipo “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” o “Disfruta de un consumo responsable”, tal como puede leerse en algunas botellas de bebidas alcohólicas. Además ¿se ha parado a pensar en lo absurdo de esas frases? Cuando se decidió ponerlas, no se dieron cuenta de que, por definición, toda irresponsabilidad en el consumo y todo exceso son por principio malos para la salud. Si no fuera malo para la salud, ¡no sería un exceso! Por eso mismo, el consumo irresponsable de pasas también es perjudicial para la salud: si usted se atiborra a pasas, puede dañar el tubo intestinal. Incluso el consumo excesivo de agua es perjudicial para la salud: si bebe demasiada, corre el riesgo de sufrir una insuficiencia renal. A este paso Bruselas cubrirá esta laguna reglamentaria obligando a las aguas minerales a que lleven impresas en las botellas, con letras bien grandes al estilo de las cajetillas de tabaco, que “el exceso de agua es perjudicial para la salud”, y acompañarlo con fotos desagradables de una operación de trasplante de riñón. ¿Estoy exagerando? Por supuesto que sí. Pero cada vez me da más rabia vivir en este mundo en el que a priori se nos considera a todos los adultos unos irresponsables.
Unas líneas para los que sufren alcoholismo

Antes de pasar a hablar sobre los beneficios para la salud derivados de un correcto consumo de alcohol, quisiera enviar unas palabras de comprensión a aquellas personas alcohólicas que están leyendo este mensaje, así como a las que tienen seres queridos sufriendo esta enfermedad. Nunca lo diremos lo suficiente: el alcohol destruye vidas, arruina familias y provoca terribles sufrimientos a las personas que tienen problemas con el alcohol y a su entorno. Pero nos estamos refiriendo al alcoholismo, descrito por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “problemas mentales y trastornos del comportamiento” relacionados con la ingesta de alcohol. En España se calcula que el alcoholismo afecta al 5-7 % de la población y que la edad de inicio en el consumo de alcohol se encuentra en los 13-14 años, situándola en el grupo de cabeza de la Unión Europea en este sentido. Los mensajes de alerta que aparecen en los anuncios publicitarios no les están ayudando. (1) Querer curar el alcoholismo incluyendo menciones legales en los anuncios o en las propias botellas de alcohol equivale a querer curar una gripe con frases como “¡Deje de coger la gripe!”, “¡La gripe es perjudicial para la salud!”. No sirve para nada. Se han realizado estudios que han demostrado que las campañas contra el alcohol nunca han ayudado a curarse a ningún alcohólico, a diferencia de otras acciones realistas como Alcohólicos Anónimos.
Estudios científicos que preocupan a todo el mundo

Si pregunta a su médico o a sus conocidos sobre el alcohol, cada uno de ellos tendrá su propia opinión y será diferente, o incluso contraria, a la del resto, pero siempre estará apoyada por “estudios científicos”. Vamos a poner un poco de orden en esto porque las cosas, en realidad, no son tan sencillas: Sólo en estos últimos meses, investigadores alemanes han llegado a la conclusión de que un vaso de alcohol al día es suficiente para aumentar el riesgo de sufrir cáncer de mama, mientras que científicos en Estados Unidos han observado que un consumo de alcohol de ligero a moderado (“light to moderate”) puede disminuir el riesgo de infarto y accidente cerebro vascular (ACV). (2) Otros estudios afirman que el alcohol puede desde favorecer hasta impedir el descanso, así como reforzar o debilitar los huesos. (3) (4) ¿Qué conclusiones debemos sacar de todo esto con respecto a nuestro consumo de alcohol?
Alcohol y cáncer: la triste realidad

A menudo se dice que una copa de vino al día es buena para la salud; sin embargo, al hablar de cáncer, no beber nada de nada podría ser la mejor forma de prevenir la enfermedad. Según un informe del World Cancer Research Fund (WCRF) y del American Institute for Cancer Research (AICR), el estudio más grande jamás realizado sobre estilo de vida y cáncer, el consumo de alcohol, incluso en pequeñas cantidades, puede incrementar de manera significativa el riesgo de sufrir ciertos tipos de cáncer, como el de boca, garganta, cuerdas vocales, esófago, mama o colon. Se ha constatado la existencia de este mayor riesgo tomando en consideración todas las categorías de alcohol (cerveza, vino y bebidas espirituosas), siendo el principal factor de riesgo el contenido en etanol, y no el resto de ingredientes de la bebida. De hecho, el etanol o alcohol puro está clasificado como agente cancerígeno para el ser humano por la International Agency for Cancer Research (IACR). Aunque no todas las pruebas coincidan (por ejemplo, la investigación sobre cáncer de riñón señala que el alcohol puede, justo al contrario, tener un efecto positivo contra el cáncer), la conclusión del informe WCRF-AICR es clara: “Desde el punto de vista de la prevención del cáncer, lo mejor es no consumir nada de alcohol”. (5) Si bien, en lugar de recomendarnos evitar por completo el alcohol, los autores aconsejan que “limitemos nuestro consumo a dos copas al día en el caso de los hombres, y a una en el caso de las mujeres”. Una copa contiene entre 10 y 15 gramos de etanol. Este consejo aparentemente contradictorio proviene de la idea de que, aunque parece que el alcohol incrementa el riesgo de cáncer, también podría reducir considerablemente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. (6)
El alcohol ayuda al corazón

Numerosos estudios han demostrado que las personas que consumen alcohol en cantidades moderadas tienen un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. En un metanálisis (análisis global promediado de los resultados de un conjunto de estudios científicos), investigadores canadienses y americanos comprobaron que los consumidores de alcohol tenían un riesgo de sufrir infartos y accidentes cerebro vasculares y de fallecer por una de estas causas menor que los abstemios. Tomar una copa al día está definitivamente relacionado con un riesgo entre un 14 y un 25% menor de sufrir el conjunto de enfermedades cardiovasculares. Mientras que beber más de una copa al día, por el contrario, aumenta el riesgo de sufrir un infarto mortal. (7) Esos mismos investigadores han continuado estudiando los mecanismos que se esconden tras los efectos aparentemente beneficiosos del alcohol sobre el corazón. Han tenido en cuenta más de sesenta estudios sobre su consumo y su relación con marcadores conocidos de enfermedades cardiacas, y han confirmado que un consumo moderado de alcohol aumenta de manera significativa los índices de colesterol “bueno” HDL en el cuerpo. Esto podría explicar el efecto protector del alcohol contra las enfermedades de corazón. (8) Cabe destacar que, al estudiar el impacto según el tipo de alcohol ingerido (vino, cerveza o bebida espirituosa), se comprobó que todos tenían el mismo efecto positivo sobre el corazón. Sin embargo, la mayoría de estudios revisados trataban sobre el vino, y en general el vino tinto, lo que podría haber influido en los resultados. El vino tinto contiene compuestos vegetales llamados “polifenoles”, como el resveratrol, considerados beneficiosos para el corazón. Aun así, la mayoría de estos estudios sobre vino tinto han llegado a la conclusión de que en realidad el alcohol presente en la bebida es el auténtico responsable de los efectos positivos para la salud. Un estudio ha comparado los efectos sobre el índice de colesterol en la sangre del consumo de vino con el consumo de dos tipos diferentes de zumo de uva, uno rico en polifenoles y otro no. El consumo de vino (tanto blanco como tinto) aumentó el nivel de colesterol bueno HDL, mientras que el zumo de uva no tuvo ningún efecto. (9)
Huir del “binge drinking” a toda costa

Binge drinking” es el término anglosajón para explicar un fenómeno mundial que practican sobre todo los jóvenes: beber exageradamente (casi como un objetivo en sí mismo) las noches de los viernes y sábados, y no probar ni gota de alcohol entre semana. Se beben grandes cantidades de alcohol (seis copas en hombres o cuatro en mujeres) en menos de tres horas. En España, el 15,2% de la población sigue esta práctica, con una media de edad de 19 y 20 años. (10) Aprender a beber correctamente, es decir, beber en la mesa y en proporción a la cantidad de comida que se está ingiriendo, es más importante que la cantidad de alcohol ingerido. Se debe evitar a toda costa beber importantes cantidades de alcohol de un trago y con el estómago vacío para “cogerse un buen colocón” (…o más bien un “resacón”). Según el Dr. Juergen Rehm, director de investigación social y epidémica en el Centro de Adicciones y Salud Mental (CAMH, en sus siglas en inglés) de Toronto (Canadá), “si una persona se emborracha una vez al mes, todos los posibles beneficios para la salud del consumo de alcohol quedan anulados”. Este nivel se alcanza cuando se pasa de cinco copas seguidas, en el caso de los hombres, y cuatro en el de las mujeres. Los propios estudios realizados por el Dr. Rehm sobre alcohol y corazón (un metanálisis de 44 estudios coescritos con Michael Roerecke) han revelado que, aunque parece que el alcohol protege contra las enfermedades cardíacas y disminuye la mortalidad en general, su efecto protector no es automático para todo el mundo, ni siquiera en un porcentaje pequeño. El estudio, publicado en la revista científica Addiction, da a entender que la manera de beber podría ser igual de importante que la cantidad total de alcohol ingerido. (11)Un estudio comparativo sobre los hábitos de consumo entre hombres de edad mediana de las ciudades francesas de Lille, Estrasburgo y Toulouse, así como de Irlanda del Norte, va en esta misma dirección. Se ha comprobado que, aunque los franceses por naturaleza beben más que los irlandeses, sufren menos enfermedades coronarias que éstos, que tienden a emborracharse.
Un riesgo dos veces mayor de morir de un infarto

Las personas asiduas a emborracharse tienen prácticamente el doble de probabilidades de sufrir un infarto o de fallecer por una enfermedad del corazón que las personas que beben a diario, pero de forma moderada. (12) Algunos expertos, sin embargo, no son partidarios del consumo diario de alcohol, ni siquiera moderado, y aconsejan guardar dos días de abstinencia a la semana. Según Sir Ian Gilmore, asesor especial sobre alcohol del Royal College of Physicians de Londres, si se bebe todos los días, sí que podría existir de verdad un riesgo de padecer una enfermedad del hígado. El Dr. Nick Sheron, experto hepatólogo de la Universidad de Southampton, Reino Unido, lo confirma: “Si analizamos a las personas que tienen lesiones en el hígado (cirrosis) veremos que prácticamente todas ellas consumen alcohol a diario”. Por eso también recomienda que se respeten uno o dos días de abstinencia a la semana, para reducir la dependencia y la disposición natural a beber cada vez más.
Conclusión 


El consumo de alcohol reduce, por tanto, el riesgo de sufrir enfermedades del corazón, siempre y cuando se beba durante las comidas. Para reducir los daños en el hígado, guarde aun así dos días de abstinencia a la semana y evite a toda costa emborracharse. Es cierto que beber alcohol, incluso de forma moderada, podría incrementar ligeramente el riesgo de cáncer. Sin embargo, si presta atención a los índice de mortalidad, las personas que beben con moderación viven más que los abstemios, incluso teniendo en cuenta el nivel de estudios y de vida. (13) Por último, aunque los expertos no se pongan de acuerdo con respecto a lo que se considera un consumo de alcohol diario “moderado” y seguro, parece acertado limitarlo a 15 g de etanol al día en el caso de las mujeres (o dicho de otro modo, a una copa de vino tinto o una lata de 33 cl de cerveza de 5º de alcohol) y a 30 g en el caso de los hombres (dos copas de vino llenas o dos cervezas). Si le han resultado útiles estas recomendaciones sobre el consumo de alcohol y tiene algún conocido al que puedan interesarle, le invito a reenviarle este e-mail. Sólo me queda decirle, hoy con más propiedad que nunca…¡A su salud!  Juan-M Dupuis

2.- El arte de beber agua 

EL ARTE DE BEBER AGUA

Tomar frutas y verduras a lo largo del día así como platos y sopas hervidas o al vapor es ya una vía para hidratarse. La otra es saber calmar la sed bebiendo líquidos que no estén muy fríos a pequeños sorbos. Desde hace dos décadas se ha instalado en la sociedad occidental la novedosa costumbre de beber notables cantidades de agua durante el día, se tenga o no sed. Muchas personas, con intención de cuidar su salud, van todo el tiempo con un botellín de agua, imponiéndose la toma de dicho líquido con o un sacrificio que permite depurar el organismo, arrastrar grasas y colesteroles y, como consecuencia de toda esa supuesta acción del agua, perder peso y proteger las arterias de futuras obstrucciones. Esas son las razones que suelen exponer algunos pacientes que acuden a las consultas. Al preguntarles quien les dijo tal cosa, responden que lo han visto en la TV o lo han leído en alguna revista que explicaba cómo realizar una dieta adelgazante. Incluso alguno refiere haber recibido el consejo de algún médico o nutricionista. Lo cual indica hasta qué punto ha arraigado este hábito novedoso que afecta incluso a profesionales de la salud.

Atender a las sensaciones

Esta visión nace seguramente de la concepción del cuerpo humano como un conjunto de cables y tuberías, de pilas y de combustible, similares a los de una lavadora o un coche; eso sí, construido con materiales orgánicos, pero con elementos más o menos parecidos y un funcionamiento similar. De esa visión mecanicista del organismo se aprovecha en ocasiones la publicidad para explicar visualmente cómo el agua consigue arrastrar las grasas y las impurezas. A los médicos que ya ejercían la medicina antes del advenimiento de esta nueva moda, la afirmación de que hay que beber agua sin sed quizá les debía parecer extraña de entrada, puesto que la tradición médica afirmaba más bien lo contrario: no hay que comer sin apetito ni beber sin sed. Además, los médicos han estudiado que en la base del cerebro está el sistema límbico con sus centros del hambre y de la sed. Este sistema se halla en contacto directo con la sangre qué afluye al cerebro y comprueba constantemente la composición la sangre, su concentración en sales e iones, su concentración en proteínas y grasas… y, según las necesidades o carencias que ésta presente, es capaz de generar la sensación de hambre o de sed. Se trata de sensaciones de necesidad, producidas por el cerebro, a fin de que el organismo se disponga a digerir  y asimilar el aporte de agua y nutrientes. Por tanto, en un organismo sano, las sensaciones de hambre y de sed son señales que indican el mejor momento orgánico para comer y beber. Si este aporte se hace sin apetito y sin sed, puede resultar tan antinatural como emprender una maratón estando agotado previamente, irse a dormir sin nada de sueño o ponerse a estudiar con fatiga mental. La asimilación del agua en el tubo digestivo requiere la puesta en marcha de operaciones fisiológicas que consumen energía, aparte de la energía que necesita gastar el organismo para eliminar el exceso de agua una vez absorbida, puesto que nuestro sistema límbico se encarga de mantener los niveles de agua y electrolitos dentro de unos límites óptimos, fuera de los cuales se altera la bioquímica del organismo.

Efectos de la ingestión de AGUA FRÍA:

·         La ingestión repentina y excesiva de agua fría provoca un contraste térmico en el plexo solar (normalmente está a 38-39ºC), que altera su funcionamiento y debe ser compensado de inmediato.
·         Asimismo paraliza o entorpece por enfriamiento y dilución los diversos procesos de la digestión.
·         Altera los ritmos de secreción controlados por el plexo solar: bilis, pepsina, ácido clorhídrico, jugos pancreáticos, etc…
·         Puede incluir cuadros de gastralgias y dolores cólicos, a causa de la mala digestión y la excesiva producción de gases.
·         Gastroenteritis agudas, propias del verano, como as que a veces se presentan de forma colectiva en banquetes y fiestas, donde los refrescos y helados se consumen en abundancia.

Los tres factores clave
La higiene de la tradición médica occidental ha recomendado una relación con el agua Para beber completamente distinta la que recomienda esta tendencia moderna. . Según la tradición, el agua a temperatura ambiente o fresca se debe beber si se siente sed, pero además se aconseja beber despacio, a pequeños sorbos, dando tiempo a que el líquido se  caliente un poco en la boca antes de descender al estómago. Y debe beberse en la cantidad justa para calmar la sed. Estas recomendaciones se alejan del nuevo estereotipo de quien apaga su sed ingiriendo prácticamente de un trago una bebida muy fría. No es extraño que algunas personas padezcan una serie de molestias gástricas que pueden ser diagnosticadas como gastritis nerviosas, disquinesias gastrobiliares, infecciones por espirobacterias o indigestiones y dolores de estómago crónicos. Tales molestias pueden desaparecer, sobre todo en los jóvenes, simplemente aplicando la higiene tradicional al acto de beber. Para beber bien, deberán tenerse en cuenta estos tres factores:
TEMPERATURA: el agua nunca debe estar helada, su temperatura idónea es la ambiental. En verano puede estar un poco más fresca, unos grados menos, como el agua de botijo, o bien mezclando agua del tiempo con agua del frigorífico.
RITMO: es conveniente beber despacio dando tiempo a que el líquido se caliente en la boca y en poca cantidad.
SED: si el aporte de agua es continuo y sin atender a las indicaciones del sistema límbico, es decir, sin tener sed, éste reacciona por medio del sistema neurohormonal a fin de mantener los niveles de agua normales y electrolitos en la sangre. Esto provoca un aumento de la presión de las arterias renales que produce una  mayor diuresis, sobre todo nocturna; lo cual puede llevar a una persona a interrumpir el sueño varias veces durante la noche. Con ello se favorece el cansancio crónico y la fatiga del riñón. Pueden producirse asimismo sudoraciones profusas, con pérdidas de sales minerales, lo cual puede repercutir sobre el sistema neuromuscular provocando calambres y alteraciones digestivas. Estas SITUACIONES SE PUEDEN CONSIDERAR REACCIONES DEL ORGANISMO PARA DESHACERSE DEL EXCESO DE AGUA. Todas ellas requieren un gasto de energía que podría destinarse a otras funciones orgánicas. Por tanto, beber sin sed desoyendo las órdenes del sistema límbico puede favorecer diversos cuadros patológicos.

LOS RIESGOS DE BEBER SIN SED
La costumbre de beber agua sin cesar y sin sed podría favorecer ciertos trastornos.
·         Alteraciones del estómago, malas digestiones y flatulencia crónica.
·         Diuresis aumentada. Si es nocturna puede favorecer el insomnio.
·         Sensación de fatiga crónica.
·         Alteraciones hidroelectrolíticas que afectan a los sistemas electrobiológicos del organismo. Pueden ocasionar calambres, dolores que cambian de lugar, palpitaciones…
·         Alteraciones en las presiones osmóticas (de sales minerales) y oncóticas (por concentración de proteínas) que reproducen hinchazones, edemas y celulitis.

·         Beber agua no arrastra las grasas del cuerpo, ni baja el colesterol, no limpia las arterias de trombos ni vuelve la piel más fina.

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